ASPECTOS GEOGRAFICOS, HISTORICOS Y LINGUISTICOS DE LOS TOPONIMOS GUANAGUANARE Y GUANARE
Por FRANCISCO ORTEGA
Herbario Universitario, Programa de Recursos Naturales
Renovables, UNELLEZ-Guanare
.. . pasamos un gran río
llamado wonnabonarj,
donde se nos ahogó un cristiano
PHILIPP VON HUTTEN
12 de septiembre de 1535
INTRODUCCIÓN
Toponimia es voz de origen griego que proviene de topos, lugar, y onima, nombre. Etimológicamente equivale a nombre de lugar. La toponimia es una rama de la Onomástica, la cual se ocupa del estudio integral, en el espacio y el tiempo, de los aspectos geo-históricos y antropolingüísticos, que permitieron y permiten que un nombre de lugar se origine y subsista. Un topónimo, entonces, es la identificación particularizada de un lugar; es el nombre propio con que se conoce a los accidentes topográficos (Salazar-Quijada 1990). Desde este punto de vista, analizaremos la documentación relacionada con las voces Guanaguanare y Guanare, ambas empleadas históricamente como topónimos y los posibles efectos que, derivados de la etimología de esta última, pudieron tener para hacer posible su prevalecencia hasta la fecha actual.
GUANAGUANARE
Es muy probable que la primera referencia escrita que hay de este topónimo se le deba al alemán Philipp von Hutten (1962), quien a diferencia de sus predecesores en la ruta expedicionaria (J. Spira y N. Federman), así tomó nota del nombre del río de marras, como puede apreciarse en el epígrafe. Quizá esto se debió al desafortunado hecho de haber perdido a uno de sus hombres en las aguas del que para el año 1535 era un caudaloso río. Si bien Hutten escribe Wonnabonarj en vez de Guanaguanare, esto se puede atribuir a sus medianos conocimientos del español o quizá también a su incapacidad de transcribir en letras el vocablo oído de los indígenas: De igual manera en el texto aparece \Varickissometho o V arkostuneto en vez de Barquisimeto y Apory en vez de Apure. A mediados del año 1589 arribó a las costas de Venezuela, proveniente de Santo Domingo, don Diego de Osorio, con el nombramiento de Gobernador de Venezuela. Tomando en cuenta el grave estado de desorganización en que encontró a la provincia, durante los primeros dos años de su mandato el gobernador Osorio dedicó sus esfuerzos a restablecer el orden político y social. Sus reconocidas dotes de militar y estratega lo llevaron a considerar la posibilidad de poblar los vastos territorios llaneros situados al sur de El Tocuyo y hasta los límites con la Nueva Granada. De esa manera, decidió fundar dos ciudades en aquellas latitudes. Para llevar a cabo su propósito, eligió a Juan Fernández de León, ciudadano de origen portugués y que a la sazón contaba con una larga y brillante hoja de servicios a la corona española. Entre los cargos que había desempeñado se destacan los de Escribano Público (de Gobernación y Cabildo), Juez de Comisión, Alcalde de Caraballeda, Procurador General de Santiago de León y Regidor del Cabildo de la Ciudad. Evidentemente, fue una decisión acertada, y de esta manera decidió llamarlo y comisionado para llevar a cabo la empresa proyectada. Con fecha 17 de mayo de 1591, le extendió el nombramiento de "Capitán de las dichas provincias de Guanaguanare, Cerrillos y sus comarcas, para que en las partes y lugares de las que os pareciere, podáis poblar una o dos ciudades". (Hno. Nectario María, 1971). Como se desprende de este documento de extraordinario valor histórico y documental, antes de esta fecha existía un territorio en la Gobernación de Venezuela que, aunque no poblado oficialmente, era conocido como "provincia de Guanaguanare ''. Luego de elegir un sitio propicio para establecer una población, Fernández de León "en nombre de la Católica Real Majestad del Rey don Felipe Nuestro Señor, segundo de este nombre, fundaba y fundó y poblaba y pobló, en esta dicha provincia, riveras del Guanaguanare, la ciudad del Espíritu Santo del Valle de San Juan". Este fragmento del acta de la fundación de "la puebla del Espíritu Santo", como reza textualmente el documento, sugiere que la ciudad fundada no llevó el nombre de Guanaguanare, y que ya era conocida una provincia con el nombre de Guanaguanare, el cual compartía con el río vecino. Según Alvarado (1953), Guanaguanare es voz tamanaca, uanauanári o wanawanare* con la que se nombra a una especie de gaviota del Orinoco. Agagliate (1992) coincide con dicha etimología, pero asevera que es voz de la lengua arahuaca del Alto Orinoco. Esta especie (Phaetusa simplex) es también conocida como "Guanaguanare fluvial" (Phelps & Meyer 1979) y se ha reportado desde la desembocadura de los grandes ríos, partes medias y altas (Orinoco, Apure y Meta), hasta la Laguna Grande, en el Páramo de Mucubají. Los guanaguanares propiamente dichos pertenecen al género Larus y son, por lo general, aves migratorias. Habitan en las costas y la especie común en Venezuela es Larus atricilla. De ser cierta la existencia de este topónimo antiguo, evidentemente que con él se alude a la presencia, en ese accidente geográfico, de las "gaviotas o guanaguanares fluviales" antes mencionadas. Esta hipótesis ha sido discutida, de manera extensa, por Agagliate ( 1992), quien además sugiere que la geminación wana-wana haya sido en sus orígenes una expresión onomatopéyica. GUANARE Guanaguanare fue el nombre que tuvo la ciudad de Guanare hasta el año 1732. A pesar de tener un origen aparentemente claro, este topónimo no perduró hasta nuestros días. Según Alvarado (1953), a partir del año siguiente, 1733, aparece en los libros parroquiales la forma abreviada Guanare, que en definitiva es la que ha perdurado. Sin embargo, ya para el año 1723, Oviedo y Baños ( 1967) hace referencia a nuestra ciudad, situada "a orillas del río Guanare, de quien ha tomado el nombre para ser comúnmente conocida". Aunque no se pretende descartar el hecho de que Guanare sea el producto de la simplificación del nombre inicial más largo, tal como lo plantea Agagliate ( 1992), cabe la duda de que esto sea así, ya que no existen ni antecedentes ni procesos similares en topónimos simples venezolanos. No obstante, en la documentación toponímica histórica (véase una amplia documentación en Salazar-Quijada 1983) , abundan los casos de mutaciones simplificadoras en los nombres compuestos. Esta variación toponímica obliga a formularse algunos interrogantes: ¿Existió en la antigüedad una población tan grande de guanaguanares, que generó el topónimo en cuestión? ¿Qué pobladores de la región emplearon originalmente ese topónimo y cuál era su filiación lingüística? Lo poco común de los cambios toponímicos hechos de esta manera, y la imprecisión en la fecha del cambio, obligan a hacerse la siguiente pregunta: ¿hubo otro motivo de mayor peso que el simple deseo de abreviar el nombre de Guanaguanare? Finalmente, ¿es la palabra Guanare una simple abreviación, o tiene ella alguna etimología que haya justificado su uso continuado hasta hoy? Trataremos, entonces, de dar respuesta a esos interrogantes. Existe en la parte media del Brazo Casiquiare una localidad conocida con el nombre de Guanare, la cual se caracteriza por sus afloramientos rocosos. Según Agagliate (1992), también existen localidades homónimas en Anzoátegui, Lara, Falcón. Además, ríos en Táchira y Bolívar e islas en la parte media del río Orinoco y en el Atabapo inferior. De tal manera que la palabra Guanare existe como tal y casualmente en forma de otros topónimos.
Por otra parte, en la mitología de los maquiritare ( Ye'kuana), Guanare es el espíritu, con su cuerpo hecho de humo y su sombra del aliento de los dioses que lo formaron: Yarenguana, Guareyumana y Yareyú, durmiendo a la orilla del río Cunucunuma, soñó con una raza de hombres. Al despertar fue tomando puñados de tierra, los fue amasando y creó uno a uno a los indios de la tribu (Cora 1972).
Los indios Goahibos, que alguna vez poblaron las regiones comprendidas entre los ríos Meta y Vichada, y en los límites con Colombia, utilizaban la palabra Guanare para nombrar a cierto cristal de roca (Alvarado 1945).
El atributo especial del piache Goahibo (Guahibo) es adivinar quién ha sido el causante de la muerte de un indio. Este ritual incluye, entre otras cosas, el uso de ornamentos sagrados, una maraca emplumada y su talismán, conocido como Guanare ( Salas 1971) .
Es muy probable que la voz Guanare, como topónimo, sea originaria del lenguaje warao, uno de los más antiguos del continente. En él concurren muchas palabras de origen caribe, arawacas y elementos de origen chibcha (véase una amplia discusión sobre su filiación en Dieter 1988). Estos grupos tuvieron una influencia marcada en la población prehispánica de nuestra área de estudio, de acuerdo a las hipótesis de Salazar-Quijada y Dupouy (Salazar-Quijada 1978). Un análisis de la etimología de algunos topónimos de la zona occidental y central del país demuestran una fuerte influencia del lenguaje warao (Delascio 1985). Veamos, por ejemplo, Guasare: gua, embarcación y sare, solo, soltero (Embarcación sola); Guaira: gua embarcación e ira, grande (Embarcación grande), y cerca de nosotros tenemos a Acarigua: akari, algo partido, dividido, mitad y gua, embarcación (extremo o mitad de embarcación) y, finalmente, Guanarí (-a, -ae, -nu), significa embarcación naufragada ( Guajibaka guanariae = La curiara ha zozobrado). De acuerdo a Barral (1957) y Vaquero (1965) , algunas veces este vocablo es usado como transitivo, la mismo que I-Guanarí: echar a pique o hacer naufragar una embarcación (guajibaka iguanariae) .
Al considerar la presencia de voces del lenguaje Guarao en la toponimia vecina a nuestro problema de estudio, y al encontrarle un sentido contingente (sensu Salazar-Quijada 1978) a la palabra Guanare, debe considerarse también la posibilidad que de allí provenga el nombre de nuestro río. Sin embargo, queda por dilucidar el porqué de la voz Guanaguanare.
En Guarao no existe la palabra Guanaguanare (Barral 1957, 1979), sino ·que para nombrar a las gaviotas, tal como se ha sugerido anteriormente que debía ser el origen del topónimo, se emplea la voz nabakabara y eventualmente Guanaguare, como reducción de la original tomada del arahuaco (sensu Agagliate 1992). Aunque no podemos descartar de plano el ornitopónimo, creemos conveniente considerar otra palabra similar que nos ayudaría a sustentar la hipótesis del topónimo contingente.
Tenemos entonces la voz Guanaguaná (-ya, -e, -u) , también del Guarao, que básicamente significa suceder, ocurrir. El ejemplo brindado por Barral (1957) nos permitirá ilustrar el uso de esta palabra. Morajana yata naru-kore, isaka asida guanaguanae, significa: al ir a Morajuana ocurrió una desgracia.
CONCLUSIONES
El origen y la etimología del topónimo Guanare presenta un complejo e interesante problema de investigación que, tanto por su evolución histórica, como por las múltiples posibilidades de filiación lingüística, está lejos de resolverse. Se ha planteado a consideración, como nuevo punto de vista, que en el paleotopónimo de nuestro río hubo una combinación de voces que recordarían al sitio en donde naufragan embarcaciones o en donde naufragó la embarcación. En dicho paleohidrónimo, entonces debieron estar incluidas ambas palabras: Guanarí y Guanaguanae, hecho que sí apoyaría la hipótesis de la reducción. Las diversas posibilidades etimológicas planteadas en la literatura, e inclusive la que aquí se propone, sugieren que la persistencia en el tiempo de los topónimos en cuestión es el resultado de homónimos con vigencia semántica para diferentes culturas precolombinas. Se hace necesario que ésta y otras posibilidades planteadas por diferentes autores sean revisadas con ayuda de estudios arqueológicos y etno-históricos adicionales.
Colofón
En el año de 1547, Alonso Pérez de Tolosa salió del Tocuyo a descubrir las sierras nevadas. En ruta hacia el sur, al atravesar la serranía, salió al río Guanaguanare, "que por aquella parte corre con el nombre de Zazaribacoa" (Oviedo y Baños 1967). Según Agagliate (1992), este nombre en realidad sería el de un lugar a sus orillas y es un evidente topónimo caquetío. En una relación enviada al Señor Gobernador y Capitán General Solano, fechada el 30 de enero de 1768, hace referencia, entre las muchas plantas citadas, a una fruta conocida como Guanarígied, que producen los cardones. La planta y su fruto son también conocidos como Guanarijí, Pilosocereus lanuginosus (L.) Byles & Rowley (Cactaceae). Esta planta es común en Curazao y otras islas adyacentes; en Venezuela, en las regiones secas de Lara y costa occidental (Fernández 1979).
AGRADECIMIENTOS
Deseo expresar mi más sincero agradecimiento a los profesores Críspulo Marrero, Robert Wingfield y Freddy Páez por la consecución de importantes referencias bibliográficas. Al Dr. Pedro J. Urriola por su constante apoyo y estímulo. Al Prof. Renato Agagliate por su gentileza al facilitarnos sus aportes y por la revisión crítica de la versión manuscrita de este trabajo.
* Con la venia de los lingüistas, mantendremos la sílaba gua en sustitución del fonema indígena wa para facilitar la discusión del problema.
REFERENCIAS
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Referencia bibliografica
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