Carlos José Diaz García
Introducción
Imagina un árbol tan colosal que, según la leyenda, mil hombres podían guarecerse bajo su sombra. Ese fue el mítico "Samán de Güere", cerca de Maracay, celebrado por Alejandro de Humboldt y en coplas populares, y que aunque desaparecido, la gente lo respetaba y hoy es el flamante árbol emblemático del estado Aragua. Si embargo hay evidencias, como lo reportado por Casale (1997) en el libro “La fitotoponimia de los pueblos venezolanos”: que “Los samanes, del samanal del parque Cuatricentenario de Guanare, deben ser más o menos como el Samán de Guere cuando lo vió Humboldt”; entonces tenemos en nuestra zona ejemplares o herederos o equivalente tan majestuoso como gigantesco en las llanuras portugueseñas. En el estado Portuguesa, particularmente en Guanare, el samán no es solo parte del paisaje; es un monumento natural tejido en la historia local, nombrando lugares y ofreciendo su frescura generosa desde tiempos prehispánicos y en la Independencia.
El gigante con nombre propio
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| Saman de Guere 1957 |
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| Representación del Saman de Guere |
Aspectos Botánicos: Las Dimensiones del Gigante
Desde una perspectiva dendrométrica, el Samán es un coloso de la flora tropical. Aunque de manera común encontramos ejemplares que oscilan entre los 25 y 35 metros de altura con un Diámetro de altura al pecho (Dap) de 40 a 120 cm, la especie tiene el potencial de alcanzar dimensiones verdaderamente monumentales bajo condiciones óptimas.
En ejemplares excepcionales y centenarios, el Samán puede elevarse hasta los 50 metros de altura y desarrollar un tronco masivo de 250 cm de diámetro. Sin embargo, su dato más impresionante es su capacidad de expansión horizontal: la arquitectura de sus ramas puede proyectar una cobertura de hasta 60 metros de ancho. Esta dispersión lateral lo convierte en uno de los árboles con mayor capacidad de ocupación de dosel en el mundo, consolidando su rol como el gran protector del paisaje.
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| Foto de Henri Pittier del Saman de Guanare 1928 |
Aunque es nativo de las zonas tropicales de América,desde el sur de México hasta el norte de Brasil y Venezuela, el samán ha sido llevado a todo el mundo por su belleza y utilidad. Esta dispersión se refleja en su mosaico de nombres comunes: "Samán", “Dormilón” “Urero”, “Urá”, “Carabalí” en Venezuela y Colombia, "Campano" en Panamá y Colombia, "Algarrobo" en varios países centroamericanos, "Cenízaro" en Costa Rica, "Rain Tree" (Árbol de la Lluvia) en países de habla inglesa, y "Acacia Preta" en algunas regiones de Brasil.
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| Esquema del Saman de Guanare |
Un árbol multiusos de valor integral
Sombra y microclima: Su copa crea un oasis de frescor, fundamental en el clima llano.
El árbol crece en mesetas y llanos (pendientes menores o iguales a 5 %), con drenaje moderado, donde el rango de temperaturas varía de 20 a 38°C, y la precipitación anual
fluctua de 600 a 2500 mm, con un promedio de 1400 mm . También se encuentra a campo abierto, en áreas cultivadas y pastizales, y se usa como árbol de sombra en jardines . Puede sobrevivir de 2 a 6 meses de sequía. La especie es indiferente a la textura del suelo y el pH, aunque es importante contar con un buen drenaje. La elevación varía de 0 a 600 m.
Madera y Productividad: Versatilidad desde el Tronco hasta el Fruto
La madera del Samán es tan noble como su sombra. Con tonalidades que transitan del castaño profundo al amarillento, ha sido históricamente un pilar en la construcción y la carpintería. Su tronco es tan macizo y resistente que, en siglos pasados, fue el material predilecto para fabricar las pesadas ruedas de las carretas que surcaban los llanos. Hoy día, su veta es sumamente apreciada en la ebanistería y la fabricación de instrumentos de cuerda, donde la madera de ejemplares jóvenes destaca por su flexibilidad y resonancia. Sin embargo, los maestros carpinteros advierten un secreto crucial: es una madera que requiere paciencia, pues debe secarse completamente antes de ser trabajada para evitar que se tuerza o doble, garantizando así la durabilidad de la obra.
Pero la utilidad del Samán trasciende lo forestal para entrar en la eficiencia pecuaria. Estudios zootécnicos han confirmado que el Samán es un motor de productividad en el campo. El consumo de sus frutos por parte del ganado no solo es un aporte calórico; se ha demostrado que incrementa significativamente la producción de leche y mejora los porcentajes de preñez en las vacas. Así, el árbol se revela como una inversión integral para el productor: ofrece un material precioso para la artesanía y, al mismo tiempo, actúa como un suplemento nutricional de alto impacto que fortalece la economía rural.
El "Forraje de Emergencia": Un Seguro de Vida en la Sequía
En los ciclos críticos del campo, el Samán se convierte en un aliado estratégico bajo la figura de forraje de emergencia. Durante las épocas de sequía extrema, cuando los pastos se agotan y el alimento escasea, sus vainas caídas ofrecen un salvavidas nutricional para el ganado vacuno, porcino y caprino. Al ser excepcionalmente ricas en proteínas y azúcares naturales, estas vainas no solo mantienen el peso de los animales, sino que les proporcionan la energía necesaria para superar los meses más duros del año.
Este recurso es tan noble que incluso trasciende el uso animal; gracias a su pulpa densa y su característico sabor a regaliz (palo dulce), es común que las personas de las comunidades rurales las consuman directamente, valorándolas como un snack energético natural. El Samán reafirma así su lugar en la sabana: no solo como un árbol de sombra o madera, sino como una reserva de vida que garantiza la seguridad alimentaria en los momentos de mayor vulnerabilidad.
El Gigante que abraza la biodiversidad
El Samán (Samanea saman) se erige en el paisaje como una majestuosa catedral verde de brazos abiertos. Su estructura es única: en lugar de buscar la verticalidad, su tronco robusto se bifurca en ramas horizontales que crean una copa en forma de paraguas, extendiéndose como un techo vivo de dimensiones asombrosas. Esta silueta no es un simple capricho de la naturaleza, sino una obra de ingeniería biológica diseñada para el cobijo. Al expandirse hacia los lados, el Samán deja de ser un árbol individual para convertirse en un santuario espacial, un domo que define y protege un ecosistema entero bajo su sombra.
Más que un organismo, el Samán es un ecosistema en sí mismo. Sus ramas y tronco sirven de cuna para una exuberante variedad de epífitas, como bromelias, musgos, orquídeas y cactáceas, que encuentran en su corteza rugosa el lugar perfecto para prosperar. Esta arquitectura viva es un imán para la fauna; sus flores y semillas atraen a una multitud de aves e insectos, convirtiéndose en el hogar y comedor de especies emblemáticas como la guacharaca, las guacamayas rojas, bandera y maracaná, además de loros, pericos carasucias, mastranteros y churicas. Incluso los araguatos encuentran en su densa copa el refugio ideal para sus travesías y descansos.
Esta "sombrilla botánica" funciona como un filtro de bondad que garantiza que la vida sea más vibrante bajo su protección. Gracias a su capacidad de cerrar las hojas durante la noche y la lluvia —fenómeno conocido como nictinastía—, permite que el agua llegue directamente a la tierra, mientras que de día actúa como un escudo térmico que refresca la atmósfera y protege el suelo de la erosión. En un mundo que busca resiliencia, el Samán nos enseña que la verdadera grandeza no reside en cuánto se crece hacia el cielo, sino en cuánta vida es capaz de nutrir y sostener un solo par de brazos extendidos.
Etnobotánica
Más allá de su imponencia física, el Samán es valorado en la medicina tradicional como una verdadera botica viviente. Posee una compleja composición bioquímica que le otorga propiedades antiinflamatorias, antimicóticas, astringentes y antipiréticas. Históricamente, se ha registrado su uso en el tratamiento de afecciones crónicas como eczemas cutáneos y tuberculosis, demostrando la potencia de sus principios activos en la sanación de tejidos y el combate de infecciones.
El aprovechamiento de sus partes es específico y variado:
Semillas y Hojas: Las semillas, una vez molidas, se emplean como un remedio eficaz para aliviar los dolores de garganta. Por su parte, las infusiones de sus hojas son reconocidas por su suave efecto laxante, ayudando a regular el tránsito intestinal de forma natural.
Corteza: Es quizás la parte más versátil. Hervida en decocción, se utiliza internamente para equilibrar el sistema digestivo, tratando tanto la diarrea (gracias a sus taninos astringentes) como el estreñimiento. De forma externa, estos baños de corteza se aplican para aliviar inflamaciones o malestares localizados.
Frutos: Investigaciones actuales han validado lo que el saber popular ya conocía: sus frutos poseen marcadas propiedades antimicrobianas. Los extractos acuosos del fruto son capaces de inhibir bacterias patógenas que causan trastornos estomacales severos, consolidando al Samán como un aliado fundamental de la salud gástrica.
Cultura y Toponimia: El Árbol que Nombra la Tierra
El Samán no solo ocupa un espacio geográfico, sino que habita profundamente en el imaginario colectivo y el lenguaje. Su imponente presencia ha bautizado pueblos y senderos, creando una toponimia del arraigo: desde el mítico Samán de Apure y el Samán del Tigre, hasta lugares que guardan historias en sus nombres como Samanal, Samanote, Samanito, Saman Morocho o el nostálgico Samán Mocho. Para el venezolano y el llanero, el Samán es un punto de referencia, un hito en el mapa y en la memoria.
La etimología de su nombre es un viaje fascinante entre lo indígena y lo colonial. Lisandro Alvarado, en su Glosario de términos indígenas, lo consagra como parte esencial de nuestro léxico. Existe una leyenda arahuaca que sugiere que el nombre deriva de un antiguo chamán cuyo espíritu, buscando proteger a su pueblo, se transmutó en el árbol para seguir ofreciendo guía y sombra. Por otro lado, otros autores vinculan el término al francés caribeño zamang, que se traduce como "árbol de lluvia". Esta acepción nace de un fenómeno singular: el goteo constante desde sus ramas del "jugo de cícadas" (producido por insectos que habitan su copa), lo que mantiene los pastos siempre verdes bajo su dosel, incluso en las sequías más crudas.
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| Leyenda arahuaca un antiguo chamán, para proteger a su pueblo, se transmutó en el árbol para ser sombrilla y guía |
"Bajo el samán de mi tierra, la sombra se hace canción, sus ramas guardan los siglos, su tronco mi corazón."
“Bajo la sombra del samán, se tejen historias y se comparten momentos que perduran en el tiempo”
O el famoso refrán que alude a su generosidad: "Al que a buen Samán se arrima, buena sombra lo cobija", recordándonos que su protección es absoluta y su legado, eterno. Su figura no solo inspira coplas y leyendas, sino que refuerza un sentido de identidad: somos hijos de la sombra del Samán.
Restauración y Paisajismo: El Equilibrio entre Uso y Conservación
El Samán es, por excelencia, el protagonista del paisajismo en áreas abiertas. Su uso como planta ornamental es altamente valorado gracias a su capacidad de transformar espacios amplios en oasis de frescura. En el ámbito ganadero, es considerado el aliado perfecto para los potreros; a diferencia de otras especies que asfixian la vegetación inferior, el Samán posee una relación de convivencia con el suelo: su sombra filtrada y la nictinastía de sus hojas permiten que el pasto crezca vigoroso bajo su dosel, proporcionando un refugio climático indispensable para el bienestar del ganado.
En la actualidad, esta especie desempeña un papel crucial en los programas de restauración y reforestación. Las plantaciones establecidas han demostrado una tasa de éxito sobresaliente, gracias a su resiliencia y rápido crecimiento en etapas tempranas. Su capacidad para recuperar suelos degradados y restablecer corredores biológicos lo convierte en una herramienta fundamental para devolverle la salud a los ecosistemas perturbados.
Sin embargo, su misma generosidad lo ha puesto en una situación vulnerable. Hoy en día, el Samán es la especie de mayor aprovechamiento forestal en el país, lo que enciende las alarmas sobre la sostenibilidad de esta práctica. Existe el riesgo real de que el ritmo de extracción supere la capacidad de regeneración natural de los bosques y sabanas. Es imperativo transitar hacia un modelo de gestión que honre su valor; el Samán no debe ser visto únicamente como madera, sino como un patrimonio vivo que requiere de un aprovechamiento consciente para asegurar que las futuras generaciones también puedan cobijarse bajo su sombra.
Un Motor de Nutrición: Suelos y Alimento
El Samán es una pieza clave en la ingeniería de suelos. Gracias a su capacidad como fijador de nitrógeno, este árbol enriquece la tierra de forma natural, devolviéndole nutrientes vitales que favorecen la fertilidad de los pastizales circundantes. Además, su rol como especie melífera lo convierte en un pilar para la apicultura, ya que sus flores son una fuente generosa de néctar para las abejas, esenciales en la polinización.
Desde el punto de vista nutricional, sus frutos y follaje son un "superalimento" silvestre:
Valor Proteico: Sus ramas jóvenes y hojas poseen un impresionante contenido de proteínas (entre el 24% y el 30%), mientras que sus frutos oscilan entre el 13% y el 18%.
Harina Forrajera: Las vainas pueden ser secadas y molidas para producir una harina de excelente calidad, utilizada como suplemento de alto valor para el ganado.
El "Regalo" de los Niños: Las vainas maduras contienen una pulpa suave y azucarada, con un sabor que recuerda al palo dulce (regaliz), siendo un dulce tradicional muy apreciado por los niños en las zonas rurales.
Finalmente, su complejidad bioquímica incluye la presencia de pithecolobine, un alcaloide similar a la saponina presente en su corteza, semillas y flores. Este compuesto subraya el potencial farmacológico y químico de la especie, recordándonos que cada parte de este gigante, desde su raíz fijadora hasta su fruto azucarado, está diseñada para sostener y nutrir la vida en todas sus formas.
El samán, patrimonio vivo de Guanare
La ciudad de Guanare nació bajo la sombra de un saman, los samanes de la quebrada El Pionio han protegido las nacientes que salen de la matriz de la montaña, agua que por muchos años calmó la sed de la ciudad. El guanareño vivió conociendo desde niño que era un samán y todos nos maravillamos tratando de imaginar a Simón Bolívar reunido con el ejército debajo de estos samanes en el año de 1813, conversando con el padre monseñor Jose Vicente de Unda o con Miguel Guerrero o .
Todos sabemos el confort, deleite, comodidad de la sombra de un saman. Y son muchos los samanes de Guanare, en el sur se albergar colonias de estos gigantes. En el Parque Cuatricentenario (sector Liceta), sobre la vía a Papelón, se yergue un "samanal" de ejemplares majestuosos. La investigadora Casale (1997) se atreve a compararlos con el desaparecido Samán de Güere que midió Humboldt. Por otro lado, el Parque Los Samanes conserva con orgullo un "nieto" del famoso Samán de Maracay. Estos espacios no son solo áreas verdes; son santuarios históricos y naturales que vinculan a la ciudad con su pasado y con un símbolo vegetal de resistencia y generosidad.
Conclusión
El samán es mucho más que un elemento del paisaje de Portuguesa. Es un testigo silencioso de la historia, un aliado indispensable del llanero y su ganado, y un arquitecto de biodiversidad. Proteger los samanes de Guanare, como los del Parque Cuatricentenario o Los Samanes, es preservar la memoria viva del territorio y honrar a ese guardián de sombra que, con sus ramas extendidas, parece abrazar la identidad de todo un pueblo. Nominarlo o darle un justo reconocimiento como parte de nuestro patrimonio natural y promoverlo como el árbol emblemático de la ciudad espiritual de Venezuela.
Referencias
Almela, H. (1999, junio). El Samán de Güere. Analítica.com. http://www.analitica.com/art/1999.06/leer/00003.asp
Alvarado, L. (1921). Glosario de voces indígenas de Venezuela (2a ed.). Editorial Elite.
Casale, I. (1997). La fitotoponimia de los pueblos venezolanos. Fondo Editorial Tropykos.
Duno de Stefano, R., Aymard, G y Huber, O. 2007. Catalogo anotado e ilustrado de la Flora vascular de los llanos de Venezuela.
Hoyos, J. (1985). Flora emblemática de Venezuela. Armitano Editores.
Merrill, E. D. (1916). Samanea saman (Jacq.) Merr. En Systematic Botany (Vol. 5, p. 123). [Descripción taxonómica].
Flores, E. M. (2002). Samanea saman (Jacq.) Merr. Tropical tree seed manual. Agriculture handbook, 721.






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